Las sociedades, las leyes y las ideas han cambiado
Somos producto del mestizaje
Y los miedos también deben superarse
CONFESIÓN POR AMOR A MÍ
3ra parte
Cada vez supero más la autocensura, cada día me es más fácil ser espontáneo y dejar en claro quién soy sin sentir esa vieja necesidad de llamar la atención. Sin embargo, llama la atención lo quiera o no. Gracias a Dios he tenido luz verde para experimentar con mi cuerpo, con mi imagen y con mis ideas, y aunque en el camino he conseguido quien me critique, sé que lo hacen por sus propios miedos instalados, los paradigmas que aprendieron para manejarse con el "complejo arte" de ser aceptado. Aún así, atravesando las críticas y las "sugerencias", he ganado el respeto de unas cuantas personas y en otros casos la indiferencia, pero lo importante es que existo sin aislar de las personas lo que en realidad soy. Me quieran o no, lo hacen por quien soy, no por quien fingía ser.
Una de las cosas graciosas que me preguntan es que si me da miedo que al envejecer tenga la piel arrugada y todos los tatuajes chorreados. Si analizamos la pregunta a fondo nos daremos cuenta que es un poco tonta con respecto a lo inevitable de la vejez y sus consecuencias, como las canas, las arrugas, las manchas en la piel, los dientes postizos, la calvicie y la pérdida de estatura. No ignoremos la desmejora que sufren ciertos sentidos. Creo que muchos le temen a la vejez, pero yo realmente no le temo al tiempo y sus facturas, más le temo a no disfrutar de la vida, a no atreverme a ser feliz, a estancarme en la decidia, en la represión y el aburrimiento. Prefiero que me recuerden como alguien único e interesante que como alguien sin gracia.
Cuando sea viejo y la piel se me arrugue, recordaré con cariño mis locuras, mis aventuras, y me imagino que para entonces ya no le prestaré tanta atención a cómo se vean los tatuajes porque serán parte de mi piel, una piel pintada.
También me han dicho que como abogado no seré bien valorado por mis perforaciones y tatuajes, pero por como van surgiendo las cosas, puedo con mucho gusto dudarlo. He ido a instituciones públicas sin que me detenga nada, estudio sin contratiempos relacionados con mi imagen y he logrado hacer entender los derechos que me amparan (que nos amparan). Soy un humanista enamorado del progreso, no lo puedo evitar.
El golpe más bajo fue que me dijeran que me será difícil conseguir a alguien que se enamore de mí, y no lo niego, vivo en una ciudad donde no es común tatuajes y perforaciones, a pesar de que cada día lo sea un poco más, donde aún reinan los estereotipos clásicos y la moderna "metrosexualidad". Pero no importa, desde que disfruto de mi personalidad fuera del armario sé que me sería más difícil conseguir pareja, porque no salí de esa jaula para entrar en otra, exigencia que muchos me critican como exagerada, pero tengo mis razones. De por sí, desde muchacho me han dicho que soy exigente, así que desde un principio la cosa ha sido difícil jajajajaja. A veces me dejo afectar, pero soy consiente de que este mundo es exquisitamente variopinto y que Puerto Ordaz no es la única ciudad en la que puedo realizarme.
Una de las cosas que a veces digo es que me hubiese gustado haber nacido mujer, y no se alarmen, se los explicaré: Las mujeres tienen mucha más libertad para comportarse y relacionarse, como sea que bailen están bien y en cuanto a su imagen tienen todo un mundo de posibilidades. Me gustarían igualmente los hombres (o eso preferiría jajaja) y no estaría bajo los ojos inquisidores de nadie. Recibiría con todo el gusto la caballerosidad de otros hombres, disfrutaría del sexo con mayor comodidad, podría tener hijos sin baches legales y muchas razones más. Lo interesante de haber nacido hombre y aceptar mi homosexualidad es el reto que supone para mí, aunque a veces sea incómodo.
Cuando me refiero a "reto" lo digo en el sentido de que tengo las herramientas para defenderme, para hacer valer mis derechos, me encantan los debates y estoy en constantes procesos de reflexión por ello. Todavía no comprendo del todo qué es lo que Dios me quiere enseñar ni creo que estoy al cien por ciento en lo correcto, pero trabajo en ello, para eso siempre dejo un margen para la duda, porque sin ello no hay controversia que me haga filosofar. Más si creo que voy bien, porque cada día estoy un poquito más satisfecho.
Realmente no sé si mi vida es o será "la gran cosa" (importante), soy un muchacho más, con sus diferencias, ahora de veintiún años, pensando cada día "¿Qué haré con mi vida?" y aunque a veces por eso me lleve la zozobra, no puedo evitar guardarle esperanzas al futuro. Eso es lo que me motiva.
Porque esta es mi vida y la disfruto sólo yo
Porque quiero ser feliz y aportarle algo a este mundo antes de partir
Porque soy tan humano como cualquiera y merezco respeto
Porque este es mi propio proceso de superación
Y porque amarme no puede basarse en una mentira
Así soy, diferente, lo tomas o lo dejas