sábado 10 de marzo de 2012

Por amor a mí confieso 3ra


Las sociedades, las leyes y las ideas han cambiado
Somos producto del mestizaje
Y los miedos también deben superarse



CONFESIÓN POR AMOR A MÍ

3ra parte


Cada vez supero más la autocensura, cada día me es más fácil ser espontáneo y dejar en claro quién soy sin sentir esa vieja necesidad de llamar la atención. Sin embargo, llama la atención lo quiera o no. Gracias a Dios he tenido luz verde para experimentar con mi cuerpo, con mi imagen y con mis ideas, y aunque en el camino he conseguido quien me critique, sé que lo hacen por sus propios miedos instalados, los paradigmas que aprendieron para manejarse con el "complejo arte" de ser aceptado. Aún así, atravesando las críticas y las "sugerencias", he ganado el respeto de unas cuantas personas y en otros casos la indiferencia, pero lo importante es que existo sin aislar de las personas lo que en realidad soy. Me quieran o no, lo hacen por quien soy, no por quien fingía ser.

Una de las cosas graciosas que me preguntan es que si me da miedo que al envejecer tenga la piel arrugada y todos los tatuajes chorreados. Si analizamos la pregunta a fondo nos daremos cuenta que es un poco tonta con respecto a lo inevitable de la vejez y sus consecuencias, como las canas, las arrugas, las manchas en la piel, los dientes postizos, la calvicie y la pérdida de estatura. No ignoremos la desmejora que sufren ciertos sentidos. Creo que muchos le temen a la vejez, pero yo realmente no le temo al tiempo y sus facturas, más le temo a no disfrutar de la vida, a no atreverme a ser feliz, a estancarme en la decidia, en la represión y el aburrimiento. Prefiero que me recuerden como alguien único e interesante que como alguien sin gracia.

Cuando sea viejo y la piel se me arrugue, recordaré con cariño mis locuras, mis aventuras, y me imagino que para entonces ya no le prestaré tanta atención a cómo se vean los tatuajes porque serán parte de mi piel, una piel pintada.

También me han dicho que como abogado no seré bien valorado por mis perforaciones y tatuajes, pero por como van surgiendo las cosas, puedo con mucho gusto dudarlo. He ido a instituciones públicas sin que me detenga nada, estudio sin contratiempos relacionados con mi imagen y he logrado hacer entender los derechos que me amparan (que nos amparan). Soy un humanista enamorado del progreso, no lo puedo evitar.

El golpe más bajo fue que me dijeran que me será difícil conseguir a alguien que se enamore de mí, y no lo niego, vivo en una ciudad donde no es común tatuajes y perforaciones, a pesar de que cada día lo sea un poco más, donde aún reinan los estereotipos clásicos y la moderna "metrosexualidad". Pero no importa, desde que disfruto de mi personalidad fuera del armario sé que me sería más difícil conseguir pareja, porque no salí de esa jaula para entrar en otra, exigencia que muchos me critican como exagerada, pero tengo mis razones. De por sí, desde muchacho me han dicho que soy exigente, así que desde un principio la cosa ha sido difícil jajajajaja. A veces me dejo afectar, pero soy consiente de que este mundo es exquisitamente variopinto y que Puerto Ordaz no es la única ciudad en la que puedo realizarme.

Una de las cosas que a veces digo es que me hubiese gustado haber nacido mujer, y no se alarmen, se los explicaré: Las mujeres tienen mucha más libertad para comportarse y relacionarse, como sea que bailen están bien y en cuanto a su imagen tienen todo un mundo de posibilidades. Me gustarían igualmente los hombres (o eso preferiría jajaja) y no estaría bajo los ojos inquisidores de nadie. Recibiría con todo el gusto la caballerosidad de otros hombres, disfrutaría del sexo con mayor comodidad, podría tener hijos sin baches legales y  muchas razones más. Lo interesante de haber nacido hombre y aceptar mi homosexualidad es el reto que supone para mí, aunque a veces sea incómodo. 

Cuando me refiero a "reto" lo digo en el sentido de que tengo las herramientas para defenderme, para hacer valer mis derechos, me encantan los debates y estoy en constantes procesos de reflexión por ello. Todavía no comprendo del todo qué es lo que Dios me quiere enseñar ni creo que estoy al cien por ciento en lo correcto, pero trabajo en ello, para eso siempre dejo un margen para la duda, porque sin ello no hay controversia que me haga filosofar. Más si creo que voy bien, porque cada día estoy un poquito más satisfecho.

Realmente no sé si mi vida es o será "la gran cosa" (importante), soy un muchacho más, con sus diferencias, ahora de veintiún años, pensando cada día "¿Qué haré con mi vida?" y aunque a veces por eso me lleve la zozobra, no puedo evitar guardarle esperanzas al futuro. Eso es lo que me motiva.


Porque esta es mi vida y la disfruto sólo yo
Porque quiero ser feliz y aportarle algo a este mundo antes de partir
Porque soy tan humano como cualquiera y merezco respeto
Porque este es mi propio proceso de superación
Y porque amarme no puede basarse en una mentira

Así soy, diferente, lo tomas o lo dejas

martes 6 de marzo de 2012

Pequeñas listas

Un lector me dijo que sería interesante volver a hacer una lista de cosas que no me gustan y otras que si, para compararla con una que publiqué hace tiempo y ver qué sale de todo eso. No me parece mala idea y es una perfecta excusa para publicar algo diferente. Sin simetría numérica ni en orden específico paso a redactar una serie de modestas y honestas listas:


DE LO QUE ME GUSTA:
1 - En general, me gusta mucho escuchar música y podría definirme como melómano.
2 - Que mi prima Carlota me haya regalado unos audífonos para poder despegar a otro mundo mientras voy por la calle.
3 - Mi capacidad creativa y mi capacidad de percepción.
4 - El sexo sin tabúes.
5 - La honestidad directa y sin anestesia.
6 - La pasta corta, los cereales, el yogur y los caramelos mientras fumo. Cigarrillos.
7 - Los hombres que se bañan en perfume.
8 - Dormir abrazado a un pecho grande y fuerte.
9 - Nadar.
10 - Que cada día me desenvuelvo mejor siendo más auténtico, más espontáneo. Que cada día me aceptan más, que poco a poco me siento menos extraño.
11 - Las conversaciones interesantes, los debates controvertidos, los temas complejos, las preguntas difíciles.
12 - De pronto jugar como cuando niño, de pronto olvidar lo imposible y el concepto de vergüenza.
13 - Caminar a mis anchas y escuchar música mientras tanto.
14 - Bailar a escondidas (jajajajajajaja).


DE LO QUE NO ME GUSTA:
1 - La inconsciencia ciudadana. Esta Cultura de "no es mi culpa".
2 - El pensamiento corto, el que se conforma con lo aparente.
3 - La falta de dinero. Que todo sea dinero. Que sin dinero no valgas.
4 - Depender todavía de mi madre.
5 - Que utilicen a Dios como les de la gana, según le convenga a cada religión.
6 - Que me despierten sin cariños.
7 - Que los servicios no funcionen como deberían.
8 - No comprender a fondo todo lo que quiero comprender, empezando conmigo mismo.
9 - No tener magia para hacer el mundo a mi antojo.
10 - No saber con exactitud qué hacer con Dios.
11 - No hallar calma.
12 - Mi fluctuaciones emocionales tan antojadas...
13 - Los hombres bajitos y flaquitos, mucho menos los inseguros.


DE LO QUE ME GUSTARÍA:
1 - Que mis ideas fueran escuchadas, leídas y meditadas en todo el mundo.
2 - Comprender más este mundo. Comprenderme más.
3 - Mejorar mi comunicación con mis familiares y cercanos.
4 - Comprender quién o qué es Dios.
5 - Independizarme lo más pronto posible
6 - Que el tiempo fluyera a mi antojo
7 - Estudiar psicología (por favor recen, oren, mediten, envíen buenas vibras para que esto se cumpla. Gracias).
8 - Asistir a todos los conciertos musicales que pueda, especialmente los de orquestas sinfónica. Nada como la música en vivo.
9 - Vivir cerca del mar.
10 - Volverme a enamorar, sin miedo y sin prisa.


DE COSAS QUE TENGO POR HACER:
1 - Leer todos los libros y textos que tengo en mi biblioteca enfriándose y cogiendo polvo.
2 - Realizarme como escritor, compositor, artista plástico, abogado, psicólogo o cualquier vaina, pero por fin definirme.
3 - Superar la decidia.
4 - Hallar algún hábito espiritual que me brinde paz.
5 - Contribuir para que mi país mejore.
6 - Casarme y tener hijos (por supuesto, con un hombre).


Para eso y mucho más, existe Masterdcard...

lunes 5 de marzo de 2012

Esa rara sensación


Con casi veintiún años encima la sensación de que aún estoy en el liceo es como un continuo déjà vu del que no salgo, como un mal sueño del que cuesta despertar. Esa comodidad de existir sin mayores responsabilidades aún me acaricia y seduce con maquiavélica empatía. Vivo, sin darme cuenta, con el canto de una sirena arrimada en mi conciencia, que hunde el barco que se supone debo aprender a maniobrar, ralentizándose el inicio de mi jornada novata, mi viaje a la adultez.

Debe ser común el hecho de que a muchos les cueste asimilar las nuevas responsabilidades que trae consigo la independencia, y no me refiero sólo a la cara económica del panorama, sino también al ánimo suficiente para ser uno mismo quien resuelva sus necesidades, sean cuales sea. Hablo de saber a qué oficinas dirigirse, a firmar tus propios documentos, a representarte solo ante la ley, a responder ante el tiempo, a buscar trabajo sin la vieja costumbre de las tan cómodas y convenientes vacaciones escolares.

Debo aprender a dejar de pedir a mamá favores, a que ella ya no lo resuelve todo, por muy buen esfuerzo que haga. Los tiempos cambian y con eso la economía, haciéndome ver que cada bocado de comida que me llevo es dinero invertido, que cada desodorante y colonia que utilizo es dinero, que el jabón con que me baño es dinero. Casi podría jurar que el aire que respiro también debe pagarse.

Vestirse, pagar el pasaje del autobús, la medicina para la gripe, la pasta dental y el cepillo de dientes, el detergente con el que lavo la ropa, los cigarrillos que fumo, el café religioso de cada mañana, la cena, la universidad, todos los cursos de arte que me gustaría finalizar, la ropa, las diversiones, los tatuajes, las perforaciones, los adornos, los libros, los dulces. Debo buscarme un trabajo.

Y aunque el sueldo mínimo venezolano de vaina alcanza para pagar los servicios públicos y completar para la mitad de la comida, es de entender que si vivo en la casa y ya no soy un menor de edad, pues debo colaborar, aunque sea pagando el servicio telefónico al cual está afiliado el servicio de internet que tanto uso, y cediendo mi bono de alimentación obligatorio (mejor conocido acá como “Cesta Ticket”).

Me da risa pensar que aún no poseo una cuenta bancaria y que desde siempre, desde que era niño, he tenido la idea de que todos “los adultos” deben tener una cuenta bancaria, así no la usen, pero deben tenerla. Aún no poseo pasaporte, mientras veo que muchos conocidos han viajado fuera del país. Todavía me acurruco en los brazos de mi madre y la sensación de que soy un “incapaz” aún me hace sombra, y aunque sé que eso no será así para toda la vida me pregunto ¿Cuál será el día en que deje de ser así? ¿A partir de qué día podré considerarme una persona productiva y “autosuficiente”?

También debo dejar de resistirme, pensar haciendo y no pensar sin hacer. Porque soy muy bueno para pensar, analizar y elaborar teorías, pero debo ser realista. No debo olvidar que también debo reformularme la idea de la “motivación”, porque esto de poseer un ánimo emocional y fluctuante no me está ayudando mucho en la toma de decisiones. Me desmotivo con facilidad y me falta muy poco para obtener una maestría en procrastinación.

No sé hacia dónde voy ni cómo llegar a ese montón de metas trazadas, un montículo de buenas ideas que, por muy lindas que sean, también están muy desorganizadas. No sé qué hacer con mi vida, honestamente; en estos momentos me pregunto qué será de mí, pero me relaja un poco delegarle eso a los días, que me vayan develando, conforme a las experiencias vividas, un posible camino para no sentirme tan perdido.

Y si, esto es un “déjà vu”, es lo que siempre siento cuando estoy a punto de cumplir años.

Criptonita Soledad

 Soy un superhéroe y procuro el bien del universo
Pero mi enemiga me ha jurado venganza
Por todos los errores que cometí

Así que cuando las nubes ocultan el sol
Y caen trozos del cielo, queriendo el dominio de mi corazón
Se humedece el poco calor que activa mis poderes

Entonces me siento a la orilla de la calle
A esperar que un milagro suceda,
Y casualmente pases por aquí

Rezando para que me saludes, me rescates
Y con una excusa barata más una sonrisa aventurera
Te atrevas a sentarte en el pedacito de concreto junto a mí

Para resfriamos juntos si llueve
Y nos enfermemos de amor porque si
Para curarnos luego y contar nuestras historias

Porque ya me aburren el cine y las novelas de terror
Ahora salgo de casa asustado y con poca motivación
Pero no creas que espero que luches por mí

Sólo quiero que me recibas con unas compresas de amor para el moretón
Con ojos comprensivos y manos fuertes para el temblor
Ya que honestamente luchar por la justicia es más difícil de lo que creí.



“Soledad”, es una palabra que en boca de Concha Buika suena hermosísima con ese bolero sentido y desgarrado, pero lo hermoso es por la melodía, porque la sensación sigue siendo la misma. Vacío. Me pregunto ¿Por qué, haga lo que haga, me sigo sintiendo vacío? ¿Por qué tengo que correr a cualquier par de labios arrastrado por un impulso “anormal” y el gusto me dura menos de diez minutos? Está bien, la estimación de tiempo es sólo retórica, no he llevado la cuenta en realidad, pero la idea es que me dura poco ¿Está bien?

Digo, es normal ir conociendo personas, probar y quedarse si nos gusta o irnos si no, es decir “probar está bien”. Pero uno sabe cuándo está abusando de la experimentación y más cuando sientes que ya has besado a una cantidad considerable de sujetos, con quienes puedes hacer un estimado, casi estadístico, de los otros a los que aún no has besado. Peor aún si la mayoría de esos sujetos viven en tu misma ciudad y puedes relacionarlos, en cuestiones íntimas, con varios amigos o conocidos tuyos. En otras palabras, podríamos igualarlo a que cada uno fuera una estación de gasolina.

Pero estoy generalizando, no a todos los han convertido en sapos, puedo suponer perfectamente que existen excepciones, sólo que si las hay no las conozco, y si las conozco pues aún no me acuerdo. Además ¿Quién no tiene una esquinita sucia en el cuarto del pasado? Yo al menos no voy diciendo por ahí que soy santo de devoción o que soy profeta. Soy un ser humano como cualquiera, con inquietudes. Así de sencillo.

El hecho es que, además de sentirme “puta” y desorientado, también estoy sufriendo un déficit de esperanza. Vale, lo de “puta” fue exagerado, además “ellas” al menos cobran, pero ya se hacen la idea (podríamos colocar de “soundtrack” la canción “La falsa moneda” de Concha Buika, o como diríamos en Derecho “ejusdem” jajaja). Pensarán que soy un novelón andante, pero es que de verdad, no es fácil ser parte de una comunidad de homosexuales que en su mayoría prefieren trasladarse en closets en vez de taxis, autobuses o vehículos particulares como la gente normal. O bicicletas, patinetas, patines, monopatines, monociclos, motocicletas, etcétera. Casi me han dejado en muletas. ¿Cómo puedes esperar una vida normal cuando te dicen “mis amigos si saben, pero mi familia no” o cuando, orgullosamente dicen “mis familia lo sabe, pero en mi trabajo no”? Se contradicen tan espontáneamente, tan “es normal”, que hasta te crees alienígena o un loco con pretensiones ilógicas. ¿¡Cómo, por el amor de Dios, algunos se atreven a fingir la heterosexualidad (o la “asexualidad”) por Facebook y a destaparse en Twitter al mismo tiempo!? He llegado hasta a admirarlos por sus logros, porque o bien sus “contactos” son bien estúpidos para no darse cuenta, o bien si se han dado cuenta pero son indiferentes o discretos.

“Discreción”, se la tengo jurada a esa palabra. De todas formas más estúpido es aquel que pretende una relación estable y con el pasar de los años seguir diciendo que son “amigos”. ¡No me jodas! Las masas serán ignorantes, pero eso decimos en cuanto a política, ciencia y economía, pero el sexo se huele, mis hijos.

Pero lo más cómico del asunto es que algunos, por no decir que si y tampoco decir que no, han asumido que la “bisexualidad” es el placebo perfecto para evadir la responsabilidad ¿Aún así no es el mismo prejuicio al que se enfrentan? Ah no, perdón, se me olvidaba que la bisexualidad está de moda, pero por lo menos de esos pasos se puede esperar algún progreso en el sistema, para que luego se aclaren los puntos.

Volviendo a mí, pues si es verdad que sigo trabajando en entender que no hay que tener pareja para estar feliz y que puedo tener sexo con libertad y responsabilidad siempre que quiera, pero como escribí antes, ya me es difícil pensar en sexo sin pensar en amor y viceversa. Cada vez que “me dan ganas” me gusta apelar a los “amigos con derecho”, aunque de mi lista ya he borrado a la mayoría y sólo me queda uno. Si, sólo uno, un muchacho que desde que me conoce me está ladrando para que le dé una oportunidad, pero que honestamente no me parece que sea “el indicado”, porque no es mala persona, pero siento que como mi pareja algún día no muy lejano me va a aburrir. Bueno, eso es lo que pienso ahora, quizá, no sé las vueltas que dé la vida, cambie de parecer, pero estoy seguro en un noventa y nueve por ciento de que mi idea no es errada. A estas alturas de mi vida debo conocerme lo suficiente como para evadir el mismo error que cometí muchas veces, tengo que haber justicia. La pasamos bien, al menos (jajaja).

Aquí es donde llegamos al llegadero, al momento en que después de tener sexo me pregunto ¿Es esto lo que quiero de mi vida? ¿Qué haré con mi vida? Tal vez pienso demasiadas sandeces, me complico mucho para algo tan sencillo como que mientras que sea soltero hago lo que me da la gana, hasta el día en que alguien me ponga de nuevo a tartamudear y a actuar ridículamente.

Y me he puesto a pensar en cuáles son las señales observables en mí de cuando me gusta alguien y puedo remitirme al pasado cuando trabajaba en una tienda de ropa y llegó un cliente (realmente me pasó 2 veces) que me puso tan nervioso que preferí no atenderlo. Sin embargo, con el pasar del tiempo ya me he soltado un poco y si la distancia es favorable puedo lograr una conversación, aunque me cuesta mucho debo admitir. En cambio, otras veces, cuando el sujeto potencial demuestra una seguridad menor que la mía puedo abordarlo con total normalidad, pero esos casos me aburren velozmente.

Para colmo, ahora me dicen que con mis “excentricidades” no voy a gustar ni me darán empleo ni me respetarán como abogado, y me refiero a mis tatuajes y perforaciones (orejas y ceja derecha), pero no creo que en este planeta (y en especial en Puerto Ordaz, Venezuela) no haya un solo hombre homosexual al que no le guste con mis tatuajes y perforaciones. ¡Vamos! ¿Realmente creen que el mundo es así de difícil? ¿Es que vivo en una sociedad de mentalidad no actualizada? ¿O es que soy un necio? Bueno, sea como sea, sólo intento cada día hacer lo que quiero, ser como quiero y vivir de la manera que, a mi juicio, es la más adecuada. Adecuada no porque sea correcta, porque me puedo equivocar, adecuada porque corresponde a mis inquietudes y deseos.

¿Por qué nos persigue tanto eso que más tememos? Quizá tenga que ver con las consecuencias de nuestra actitud para con el mundo, la manera en que, según algunos de nuestros cristales llamados “miedos”, percibimos nuestro alrededor, y de esa manera atraemos más aquello a lo que le huimos, porque nuestra conducta de alguna manera también los persigue, como el masoquismo.

Y en resumen, pues si, le tengo miedo a la soledad, a vivir mi “vida normal” sin compartirla, sintiéndome el único ser extraño en mi comunidad que se atrevió a salir a tomar el sol, expuesto a chamuscarse con la mirada inquisidora de la incomprensión. Aún así, de todas maneras siempre tendré en las manos la letra de una canción de mi negrita querida, Buika, una canción que por cierto, un día me “dedicó” el mismo hombre que me enamoró con todo el peso de la palabra (mi primer amor), que me desequilibró, que me confundió, que hizo trampa en el juego, que echó la primera gota de mercurio en mi corazón, ese a quien he dedicado varios escritos y que indirectamente he mencionado (se darán cuenta), de quien he heredado algo del miedo al compromiso. La canción dice así:

“Yo no entiendo esas cosas de las clases sociales,
sólo sé que me quieres y que te quiero yo
¡Y vámonos! Donde nadie nos juzgue
donde nadie nos diga qué hacemos mal
¡Y vámonos! A alejarnos del mundo
donde no haya justicia ni leyes ni nada, no más nuestro amor”


Es momento de creer en héroes…