Hoy 06 de
octubre del 2011, a las 11:15 minutos de la mañana, yo, Alejandro Ernesto
Pravia Álvarez, venezolano, "mayor de edad", titular de la cédula de
identidad V-20.XXX.XXX, soltero (no por gusto), en mi condición de "adicto
al internet" me declaro en profundo dolor por no poder disfrutar de los
servicios a los que soy afín ni poder comunicarme con las personas (contactos)
que hacen especial mi existencia (aunque no exista el preciado contacto
humano/físico/presencial).
Hoy puedo
admitir, libremente (y sin culpa) que he dependido mucho del internet para
sentir que otras personas me prestan atención, recurriendo a excusas faltas de
verdadera importancia y así conseguir motivos (fútiles) para seguir pegado al
ordenador (como pasar el rato con un jueguito en Facebook mientras alguien me
responde o comenta alguna de mis publicaciones). Y SI, ASÍ ME ESTABA
COMPORTANDO, pero sin embargo, se aprende a adorar los dulces cuando pruebas lo
amargo. De esta manera TAMBIÉN puedo admitir, libremente y con mucho orgullo,
que he aprendido, quizá con un enfoque egoísta y olvidando un poco a los demás
para poder "autoatenderme", que así como suelo sentarme a esperar
atención, también puedo pasar el tiempo sentado pero PRESTANDO ATENCIÓN.
Es así como
la ausencia del internet me ha dejado algo: un ligero cambio en mis hábitos. Si
en la inactividad sufro de procesos de ansiedad y creo necesitar atención de
los demás, en la actividad (que puede ser una simple lectura o mucho ejercicio,
dependerá de qué tan diligente se puede ser) puedo volcar esa necesidad en
otras cosas (como la necesidad de aprender o saber más leyendo un libro).
Inevitablemente
tengo que remitirme al pasado, cuando mi solitaria conciencia se paseaba por el
liceo, nadando en el mar de gente que revolvía los recreos, sintiéndome, de
alguna manera, ajeno a toda la horda de jóvenes que iban y venían, hablaban de
cosas "raras" y jugaban juegos "extraños". Nada en ellos me
parecía interesante, así que yo vagaba en ese mar, sin rumbo alguno,
simplemente flotando, mientras masticaba el desayuno sin muchos ánimos ante una empanada medio fría, medio tibia, esperando a que los
minutos pasaran. Todo cambió cuando conseguí el primer libro que logró combatir
mi renuencia a los textos y hacerme preso de sus capítulos. Todo a mi alrededor desaparecía, ya nadie hablaba o jugaba cosas raras, en esos momentos sólo éramos mi libro (esa historia) y yo, entonces todo me parecía interesante. A partir de esa
oportunidad que me di, descubrí que me gustaba leer, quizá no cualquier cosa,
pues leer periódicos me parece aburrido, pero si estaba en total capacidad de
disfrutar una novela de ficción, romance o suspenso y poco a poco descubrir
otras cosas (no tiene que gustarme todo, ni todo lo que me gusta tiene que
gustarme desde un principio, es un proceso de "autodescubrimiento"
que va a la par con tus experiencias ganadas). Después empecé a escribir y acto
seguido conseguí nuevas necesidades que pronto volcarían mi atención a
horizontes inexplorados.
Justamente
ahora estoy leyendo un libro en el que un psicólogo propone un "enfoque
para las soluciones", que no busca explicar los problemas, sino
solucionarlos a partir de ligeros cambios en los hábitos. No hay que ser
psicólogos para entenderlo, simplemente debemos recordar aquellas cosas que
hemos hecho que nos han funcionado para combatir problemas o sentirnos mejor. La
lectura, la escritura, el arte y el cine me han motivado siempre, así que
¡voilá!
El internet
estaba siendo (y siempre será) "un extractor de olores en el cuarto",
que si le permito mucha potencia me impide oler la comida preparada y sentir el
hambre de progresar. Así que mejor hablemos de "no a los excesos".
Todo en su justa medida y más atención a las cosas productivas.
¿Que en un
principio dije que me dolía mucho no tener internet? PUES SI, porque quiero
atender mis blogs, mis contactos, divertirme y ver cosas nuevas, pero no moriré
si por un tiempo no es así (y mientras tanto pueda hacer otras cosas
productivas). Con el tiempo y las responsabilidades venideras conseguiré alguna clase de equilibrio entre mis actividades productivas, el esparcimiento y el tiempo que dispongo para compartir con mis allegados. No tengo que sufrir ni prestarle atención únicamente a la computadora. Lejos del "mouse" hay muchos libros (que le quité a mi mamá) que esperan por mis manos y mi fascinación.
EN FIN,
escribía para compartir con ustedes mis nuevas alegrías, esos minúsculos
cambios (aunque sea momentáneos) que te dan algunas luces sobre un posible
futuro mejor. Escribía para que me pudieran leer, para decirles que recordé lo sabroso que es leerse un libro, para reflexionar y hacer un
repaso compartido de los progresos. Escribía para dar testimonio de que los ligeros cambios si hacen grandes diferencias, desahogarme
quizá, qué sé yo... LO QUE SI SÉ (Y CON MUCHA PROPIEDAD) ES QUE
"LA
COSTUMBRE NO ES AMIGA DEL PROGRESO"

0 COMENTARIOS:
Publicar un comentario en la entrada