Les he venido notificando de algunos cambios que he introducido en mi vida, contraproducentes o acertados, pero lo cierto es que aunque uno no quiera, ni aunque lo pienses, lo reflexiones o se lo digas a otros, los cambios siempre están allí, como una eterna espiral de sucesos, una lluvia sin fin que arroja sobre nosotros millones de decisiones por tomar. Aunque te quedes de pié tan sólo respirando, sin siquiera mirar, todo a tu alrededor sigue cambiando, caminando, hablando, pensando, haciendo, construyendo, quitando, transitando. Mientras dormimos otros siguen trabajando. El mundo gira a tanta velocidad que no sabe frenar, es por eso que a veces me siento como abrumado, como ahogado en una humareda de tantas cosas, un lamido de polvo en el aire, como una cortina de arena sobre la cual quieres soplar y abrir un huequito de claridad.
Insisto: aunque no quieras, aunque no hagas nada, aunque te mueras, el resto del mundo sigue andando.
Es por esto que decidir sentarse a esperar es una falsedad muy grande, como aquellos que dicen: "Aún no ha llegado a mí la persona indicada". Como si Dios te diera la comida en la boca hasta que te mueras. Al contrario, hay que HACER, MOVERSE, REFLEXIONAR, DECIDIR. Y con esto no me refiero a que todos tengamos que salir a la calle y preguntarle a cada persona que encontremos si es nuestro amor destinado. No nos vayamos a los extremos. Cuando hablo de "hacer", me refiero a que cada quien atrae a su vida aquellas cosas que sean compatibles con sus acciones, actitudes, miedos (y no quiero profundizar por qué atraemos esas cosas, simplemente así es). Puede que las personas que temen a la soledad se queden solas, porque se vuelven absorbentes, inseguras, celosas, qué sé yo, sólo les doy una visión sencilla de la teoría. Aquellas que viven amargadas, consiguen amargar a su alrededor. Y las personas que no hacen nada, que la pereza les deja en la cama y no les permite trabajar, ganan menos dinero que las que bien temprano se disponen a enfrentarse a las adversidades económicas.
Conclusión: Cosechas lo que eres. Quien eres se refleja en tu entorno, no porque tu entorno se convierta mágicamente en una versión de ti, sino porque te proyectas en otros y es lo que percibes, crees que todos ven el mundo y perciben las cosas al igual que vos, todo lo que vamos tomando va siendo cosas que ya tenemos, pero que proyectamos en otros, no tomamos nada nuevo (Cuando hablo de "ti" lo digo a modo genérico, pues también me englobo).
Así es como recuerdo las palabras de una amiga que, en su momento, supo ser muy sabia: "Si quieres cambios en tu vida, debes hacer cosas diferentes". En efecto es así, pero ¿Hacer cosas diferentes o actuar diferente? He allí el dilema, ya que no es lo mismo. Podemos comer hamburguesas con la boca abierta mientras masticamos, y quizá no tengamos problemas para disfrutarla, pero no podrás hacer lo mismo si comes una deliciosa sopa. Lo más seguro será que te derrames encima cada bocado. ES POR ESO QUE CADA COSA EN LA VIDA TIENE SU PROPIA FORMA DE SER MASTICADA.
Análisis: Podemos hacer cosas diferentes, todas las que queramos, pero sin un cambio interno (de actitud, pensamiento, convicción o al menos disposición) no habrán resultados significativos. Más que masticar con la boca abierta por costumbre, hace falta deseo de disfrutar la sopa y si nos damos cuenta de que no se disfruta igual con la boca abierta, entonces empezaremos a dedicarle labios apretados y la lengua contra el paladar, sólo porque así es que se disfrutan las comidas líquidas.
Pero un cambio de actitud no significa dejar de ser quienes creemos ser, sino empezar a disfrutarse en diferentes facetas. Dejar de decir yo soy "tal cosa" y empezar a creer que somos tanto como cuanto podemos experimentar, ser. Ser más allá que simples adjetivos, estar en constante creación del "soy". Debe ser aburrido siempre ser el arquero en un equipo de fútbol (aunque juegue un papel crucial en el juego, por lo menos debe darse la oportunidad de experimentar otras posiciones, que lo dejen en un lugar más dinámico del partido, además lo convertiría en un jugador más integral y capaz). Si siempre nos autoconvencemos de que somos nada más arqueros, y que los arqueros no deben salir de su espacio de protección, les aseguro que nos perderemos de la emoción de robarnos la pelota en acción y anotar un gol.
Inferimos entonces: Introducir cambios en nuestra vida, no es decir que nosotros somos otra persona. Somos la misma persona, el mismo José de siempre, la misma María de siempre. Sólo que ahora somos un más completos, integrales, ahora conocemos nuevas cosas, hemos combatido miedos, somos capaces de vestirnos de la manera que nos de la gana, de comer lo que nos de la gana y lo más interesante: que los retos no son un obstáculo, que cada vez estamos en constante evolución, evaluación, crecimiento, descubrimiento, como la computadora que siempre actulizamos y mejoramos. Adquirimos nuevas herramientas y disfrutamos la vida desde diferentes perspectivas. Aún así, nos sigue gustando la pasta corta con carne molida en salsa de tomates, o los dulces de coco, o las zanahorias crudas, o dormir con tres almohadas. Somos y seremos los mismos, sólo que una versión mejorada.
Y llego a todo esto porque ahora inicio el cuarto año de mis estudios (Derecho), con cambios muy marcados:
1) Un corte de cabello atrevido (en el sentido de que es poco común) que ya me he quitado, pero en cualquier momento, si se me antoja, lo puedo volver a invocar, porque ya no me da miedo la opinión pública de si me queda bien o mal, esa vaina es mía, me gusta, la disfruto y no le hace mal a nadie. Por consecuencia mi autoconfianza aumentó.
2) Un par de zarcillos arrechísimos, que no significan un aumento de estrógeno en mi organismo, sino que me gustan y ya, que los disfruto y que no me han hecho comportarme menos varonil. Pero bueno ¿Y SI CAMBIARA QUÉ? Ya basta de suprimir la libertad individual (aunque entendamos la necesidad socio-emocional de establecer un tipo de conducta).
3) Volví a inscribirme en clases de pintura, para retomar mi vena artística, para explotar mi creatividad y para retar a mis ojos a percibir el mundo con otra visión, una más elevada, a través del arte. Conseguiré mi estilo sobre el lienzo y esa meta me alegra mucho.
4) Me inscribí en el grupo coral de la universidad, ya que me gusta tanto la música y me dio tiempo para hacerlo (además es gratis) entonces ¿Por qué no? Así puedo formarme también en la música (ya que mi inconstancia anterior no me dejó terminar mis estudios de piano, guitarra y percusión)
5) Mi propia homosexualidad está sufriendo consecuencias, o mejor dicho, mi propia sexualidad y mis emociones están sufriendo mejoras, pues me cuestiono las cosas de la vida desde perspectivas más panorámicas, cada vez me siento más cómodo conmigo mismo, con los demás y con la posibilidad de decirle a alguien abiertamente: me gustas (si no es gay, ya no será problema mío jajajaja) Claro que todo desde un punto de partida bien observador, respetuoso y oportuno. Es decir, me siento menos limitado por los prejuicios que han rodeado a la homosexualidad.
6) Ya les había dicho que he vuelto a la lectura, y sólo me falta escribir con mayor frecuencia, pero será cuestión de que administre mejor mi tiempo. Me sigue dando flojera la universidad, pero ahí vamos...
Los procesos de cambios son lentos, sobre todo porque debes darte tiempo para ir viendo las consecuencias inmediatas y paulatinas de cada cambio introducido, asumirlas, enfrentarlas, cambiarlas o lo que fuera necesario. Toma tiempo acostumbrarse a una nueva visión de ti mismo (ahora usas zarcillos ¿Le gustarás a un hombre así? Pues si, les confieso que yendo a visitar a una amiga un chico apuesto se me propuso jajajajaja) y luego darte la oportunidad, sin ir muy de prisa, de asentar esas mejoras para poder pasar a la siguiente. Por eso no siento prisa, pero si quiero que a partir de mis 21 años mi vida sea enteramente diferente, en el sentido de que yo sea una persona mucho más madura, serena y comprometida con sus metas... y para allá vamos.
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