Aunque diga que ya no creo en el amor. A pesar de que cada día me vea en el espejo y ya no me reconozca, convirtiéndome en un monstruo del resentimiento Por mucho que me jacte de mi libertad y de la capacidad de destruir el universo sin remordimientos...
Nunca podré negar que es más el odio que le siento a mi soledad, un vórtice rojo de furia y confusión que me arrastra hasta el borde, en pasión, confundiéndome una vez más entre el amor y el desahogo, empujándome a saltar. Seduciéndome el vértigo para olvidar.
Y como ya no sé si lo que siento es ridículo, espero que otro estúpido como yo, me enseñe a disfrutar de la tontería de vivir, porque así, en el desierto que sepulta mi corazón, no provoca esmerarse sin poderlo compartir.
Entonces podría decir que creo en el amor, cuando seamos dos los mongólicos que se puedan reír de ser así: un bello desastre.

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